Qué ver en Roma: 15 imprescindibles y 2 tours

Roma es de esas ciudades que se descubren caminando. Puedes llegar con el itinerario más milimetrado del mundo y, en cuanto doblas una esquina, aparece una plaza que no estaba en tu mapa o una iglesia que te deja con la boca abierta. Por eso esta guía no pretende que lo veas todo (eso es imposible, y además le quitarías la gracia): te dejo los 15 imprescindibles de la Ciudad Eterna, ordenados como los haríamos nosotros, con los trucos para no hacer horas de cola y, de regalo, los dos tours que de verdad valen la pena.

El truco para ver Roma (sin morir en el intento)

Antes de lanzarte a la aventura, cinco consejos que aprendimos a base de kilómetros:

  • Camina y verás el doble. El centro histórico es compacto y la mayoría de sitios se ve a pie. El transporte público existe, pero entre las calles empedradas y los atajos, las piernas ganan casi siempre.
  • Madruga si puedes. La Fontana di Trevi y la Plaza de España antes de las 9 de la mañana no tienen nada que ver con las 11. En serio, es otra cosa.
  • Reserva las entradas principales online. Coliseo y Museos Vaticanos se agotan semanas antes en temporada alta. No es un consejo: es un mandamiento.
  • Calzado cómodo, y me refiero a COMFORTABLE. Roma son adoquines, cuestas y más adoquines. Tus zapatos de foto pueden esperar.
  • Bebe de los «nasoni». Las fuentes públicas de Roma son potables y gratis. Rellenar tu botella (y la mochila de tu compañero de viaje) no cuesta nada.

Los 15 imprescindibles de Roma (y 2 tours de regalo)

1. Coliseo, Arena, Foro Romano y Monte Palatino (con tour)

El anfiteatro más famoso del planeta es tan imponente como te imaginas… y las colas también. Haz el tour con arena incluida: la Arena es la zona donde entraron los gladiadores a la pista, y merece la pena pisarla. La entrada combinada incluye el Foro Romano, que es literalmente el corazón de la antigua Roma, y el Monte Palatino, la colina desde la que se fundó la ciudad y desde donde tienes la mejor panorámica del propio Foro.

El Coliseo de Roma, el anfiteatro más famoso del mundo

2. Museos Vaticanos, Capilla Sixtina y Basílica de San Pedro (con tour)

Mentalízate: son casi 7 km de pasillos y obras maestras. La Capilla Sixtina (el techo de Miguel Ángel, los frescos del Juicio Final) es el clímax en el que no se puede hablar ni hacer fotos, y se respira el silencio más especial que hayas vivido en un museo. La Basílica de San Pedro, al final, te deja sin palabras. Con tour lo vives entero y te saltas las colas más brutas de Roma; además, del tour sales con la cúpula y los rincones que el visitante suelto se pierde. Para la Basílica, respeta el código de vestimenta (hombros y rodillas cubiertos) y madruga si quieres subir a la cúpula con luz de sobra.

3. Fontana di Trevi

La fuente más famosa del mundo es incombustible. Llega pronto, lanza tu moneda con la espalda de frente (tradición obligatoria si quieres volver a Roma) y hazte el selfie con el tridente de Neptuno de fondo. A las 8 de la mañana casi la tienes para ti; a mediodía probablemente pases por ahí y no te alcance para verla entre la multitud. El barrio que la rodea es perfecto para perderse después entre heladerías y callejuelas.

4. Panteón

El edificio antiguo mejor conservado de Roma, con esa cúpula que es pura magia: agujero en el centro incluido (sí, llueve dentro a propósito, y es un espectáculo). La entrada cuesta alrededor de 7 €, y se tarda más en hacer cola que en verlo, pero cada detalle que lo compone es tan imponente que vale completamente la pena.

El Panteón de Roma y su óculo en la cúpula

5. Piazza Navona

La plaza de las fuentes de Bernini, de los artistas, de los cafés y de la heladería que te paras a mirar. Es puro teatro urbano: en Navidad se llena de mercadillos y el resto del año de ambiente a todas horas. Siéntate un rato, aunque sea en las escaleras, y observa. Es de esos momentos que luego recuerdas.

6. Plaza de España (Piazza di Spagna)

La escalinata de Trinità dei Monti, la barcaccia de Bernini al pie y el mejor sitio de Roma para ver y dejarse ver en días soleados. Baja la Barcaccia, sube los 135 escalones (apuesta con tu grupo: el primero que llegue arriba invita al café) y descubre que arriba hay otro barrio, más tranquilo y con vistas. A primera hora es una delicia.

7. Piazza del Popolo

La gran plaza de entrada a la ciudad, con sus dos iglesias gemelas, el obelisco central y la Puerta del Popolo. Desde aquí se accede a los jardines del Pincio, donde atardece de lujo y ves la ciudad desde arriba sin moverte del barrio. Es el ejemplo perfecto de que en Roma las plazas no se visitan: se habitan. Como curiosidad, se produce un famoso efecto de galería susurrante donde el sonido viaja pegado a las paredes curvas y una persona puede escuchar un susurro al otro extremo.

Piazza del Popolo en Roma con sus iglesias gemelas

8. Castillo de Sant’Angelo

El castillo-palacio-fortaleza que conecta con el Vaticano por el pasadizo de los papas. Desde su terraza se ve San Pedro y el Tíber de una forma espectacular, y la visita interior vale la pena para entender la historia de Roma más secreta. Justo delante tiene el Puente Sant’Angelo, con sus ángeles de Bernini pidiendo protagonismo en la foto.

9. Circo Massimo

Vista del Circo Massimo desde el monte Aventino

Hoy es una enorme pradera perfecta para un descanso reparador entre museo y museo, pero hace 2.000 años corrían por ella las cuadrigas en los espectáculos más locos de Roma. Es gratis, es inmenso y, para verlo en toda su extensión, súbete a las cuestas del Aventino: la panorámica desde arriba es de las mejores de la ciudad.

10. Teatro de Marcelo

El teatro romano mejor conservado, anterior incluso al Coliseo, superviviente como si nada en pleno centro. Se ve desde la calle y no estás obligado a entrar: su grandeza se aprecia perfectamente desde fuera, mirándolo desde el porticado de Octavia. Es uno de esos rincones que descoloca a quien visita Roma por primera vez.

11. Monumento a Víctor Manuel II (el Vittoriano)

El «pastel de bodas», como lo llama todo el mundo, imposible de no ver porque ocupa media Roma. Un enorme edificio de mármol blanco situado en la Plaza de Venecia que rinde homenaje al primer rey de la Italia unificada. El ascensor hasta la azotea, aunque algo caro (18 €), merece la pena por las vistas panorámicas que ofrece, desde donde puede apreciarse la cúpula de la basílica de San Pedro o el castillo de Sant’Angelo.

Monumento a Víctor Manuel II (el Vittoriano) en Roma

12. Trastevere

El barrio más encantador de Roma para pasear sin rumbo: callejones con ropa tendida, la basílica de Santa María, terrazas donde ponerse el sol y un ambiente que llega hasta las tantas. Es el plan perfecto al atardecer: primero un paseo, luego una cena (tenemos guía de dónde comer en Trastevere) y después un buen rato de bar.

13. Bocca della Verità

La famosa máscara que, según la leyenda, muerde la mano de los mentirosos (traducción para cobardes: ¡mete UN dedo!). Está en la iglesia de Santa María in Cosmedin, junto al templo de Hércules y el Foro Boario. Es una visita cortita, gratis y con mucha gracia para el reel del grupo.

14. Villa Borghese

Los jardines de Villa Borghese en Roma

El gran pulmón verde de Roma, a 5 minutos de la Plaza de España. Alquila una bici o simplemente pasea entre los jardines y sus vistas. Si te gusta el arte, la Galería Borghese es una joya, pero exige reservar con antelación: sin ticket no entras ni por casualidad.

15. Iglesia de San Ignacio de Loyola

La joya escondida del centro (aunque ya no tan escondida). En el techo, el pintor Andrea Pozzo dibujó una cúpula falsa tan realista que cuesta creer que sea plana, y el fresco barroco del siglo XVII es puro espectáculo. Entras, levantas la cabeza y te olvidas del plan del día. Gratis y cerca del Panteón: combínalos.

De regalo: free tour + tour de misterios y leyendas de Roma

Guárdate los mejores momentos para el final. El free tour por el centro histórico es la mejor inversión de cero euros: te da contexto, te cuenta la historia que no sale en los carteles y, además, es la excusa perfecta para estrenar la app de notas del grupo. Y si quieres ver Roma del revés, hazte con el tour de misterios y leyendas: fantasmas, ocultismo, la Roma más oscura contada por la noche. Nosotros salimos con una perspectiva de Roma que te cambia por dentro: sabes cómo funcionaba la sociedad de entonces, pero no estás preparado para pisar las mismas calles donde hubo asesinatos y humillaciones públicas.

Preguntas frecuentes

¿Vale la pena pagar el tour del Coliseo? Si puedes, sí. Te saltas las colas, accedes a la Arena y la historia contada en directo gana muchísimo. Si vas justo de presupuesto, al menos reserva la entrada online con hora fija.

¿Cuándo hay menos gente en el Vaticano? Primera hora de la mañana en los Museos Vaticanos (los miércoles el Papa celebra la audiencia y el museo suele estar más tranquilo) y San Pedro antes de las 9.

¿Se puede ver todo a pie? El centro, sí. El área del Vaticano y Villa Borghese se llegan caminando también si te organizas el día (5.000 pasos extra, vamos). Para la Bocca della Verità y el Circo Massimo ya estás metido en ruta.

¿Roma es cara para comer? Se puede comer riquísimo y barato si sabes dónde. Te lo contamos todo en nuestra guía de dónde comer en Roma con los sitios que repetiríamos.

Cómo llevar esta guía en el bolsillo

Ahora te voy a soltar la parte del curro: nosotros planificamos Roma con Trively y no hemos vuelto a organizar un viaje igual (en el buen sentido). Itinerario del día en el mapa compartido, las entradas del Coliseo y del Vaticano guardadas en la carpeta del viaje (el visor de QR las convierte en entrada digital) y la cuenta de la cena zanjada en dos toques. Menos apps, menos discusiones, más Roma.

Roma no se planifica para controlarla, se planifica para no perder el tiempo que quieres dedicar a disfrutar. Organízate las entradas, invita a tu grupo y a caminar se ha dicho. Buen viaje.

Precios y horarios cambian con frecuencia: compruébalo en las webs oficiales antes de ir.

Dónde comer en Roma: los mejores sitios

Decimos las cosas como son: en Roma se come OBSCENAMENTE bien, y ojo, porque no hace falta gastarse un dineral. Entre la pasta fresca hecha delante de tus narices, el supplì crujiente, la pizza al taglio que llevaba media hora dándote hambre y el tiramisú que merece una medalla, la parte más complicada de tu viaje gastronómico no será elegir el restaurante: será no comer todo en un día.

Esta guía es la versión resumida de nuestra semana probando-sufriendo-disfrutando en Roma. La hemos ordenado por zonas para que la lleves mientras paseas, con lo que pedir en cada sitio y el momento exacto en el que ir.

Una nota rápida sobre la comida romana: cacio e pepe (pasta con queso pecorino romano y pimienta), carbonara (con huevo y guanciale, NI SE OS OCURRA pedirla con nata), amatriciana, gricia, supplì a modo de croqueta y carciofi alla giudia (alcachofas fritas) son los clásicos que hay que probar. Y de postre, tiramisú, panna cotta y gelato. Si algo de esto no ha pasado por tu plato, aún no has comido en Roma.

Zona Vaticano: pasta y pizza para llevar

Pastasciutta — la pasta fresca para llevar

Si tu plan es visitar los Museos Vaticanos, apunta una parada aquí antes: Pastasciutta. Pasta fresca recién hecha con salsa a elegir, servida en un contenedor para llevar, o mejor dicho: carbonara o cacio e pepe por menos de lo que cuesta un café con vistas. Ten en cuenta que el sitio es pequeño, así que ve a horas prudentes (antes de las 13:00 o después de las 14:30) para no comer con la gente del tour.

Pappardelle con ragú de pasta fresca para llevar en Roma
Pizza al taglio de Alice Pizza en el Vaticano

Alice Pizza — pizza al taglio de escándalo

Cerca del Vaticano, concretamente en la Vía delle Grazie, está una de las Alice Pizza más famosas de la ciudad. Es pizza al taglio (al corte): eliges el trozo, te lo pesan y pagas al gramo, así que puedes probar tres tipos distintos por poca pasta. La de patata con queso está increíble, pero la carbonara y la de mortadela no tienen nada que envidiarle. Perfecta para comer un bocado de excelencia sin sentarte ni dos minutos.

Centro (Piazza Navona, Panteón, Fontana di Trevi): los clásicos

Supplizio — el templo del supplì

El supplì es la joya de la comida callejera romana: bola de arroz, tomate, carne y mozzarella, rebozada y frita. Y Supplizio es, literalmente, su templo, en pleno centro. Crustoso por fuera, fundido por dentro… Así, deja a tu grupo en paz y pide un par para compartir: el clásico y el de la semana. Sitio pequeño (lo avisamos) así que id con margen o para llevar y comed sentados en una plaza cercana como manda el buen viajero.

Osteria Da Fortunata — la pasta hecha delante de tus ojos

A ver: aquí el espectáculo es el local. Mientras haces cola, ves a los trabajadores del local estirando la pasta fresca a mano delante de toda la sala. Los tonnarelli (fideos un pelín más gruesos que los de casa) con cacio e pepe son de lo mejor que comimos en Roma, y la carbonara acompaña de maravilla. Los postres dejaron algo más que desear, pero créeme, si vas solo a por la pasta y los supplì, vale la pena el sitio y su cola.

Tonnarelli con cacio e pepe en la Osteria Da Fortunata, Roma

All’Antico Vinaio — el sándwich más famoso de Italia llega al centro de Roma

Sándwich de schiacciata de All'Antico Vinaio en Roma

Antes era un secreto de Florencia; ahora también lo tienes cerca de Piazza Navona. All’Antico Vinaio vende porciones de schiacciata (el pan toscano planito y crujiente) rellenas de lo que quieras: mortadela, porchetta (cerdo asado), finocchiona, queso untable con pesto de pistacho… El clásico es «La Favolosa» y, os digo de primera mano, el prueba, repite. La cola parece interminable, pero avanza rápido: es el sitio perfecto para un almuerzo de calidad por poco dinero, comiendo de pie en plena calle como reza la tradición.

Trastevere: la mesa romana por excelencia

Tonnarello

Si quieres una cena redonda en Roma, cruza el Tíber a Trastevere y busca Tonnarello. El local es enorme, está siempre lleno y tiene motivos para estarlo: tonnarelli con su salsa con un sabor que no se va de la cabeza, y una carta de cocina italiana de verdad, de la buena, con precios de barrio céntrico pero sin el engaño turístico. La especialidad, los tonnarelli a la carbonara y a la gricia (que suenan parecido, pero no son lo mismo). Ve temprano o reserva, porque en Trastevere a las 21:00 todo el mundo quiere cenar ahí.

Tonnarelli a la carbonara en Tonnarello, Trastevere

Zona norte (Piazza di Spagna, Piazza del Popolo): pasta del día y dulces

Pastificio Guerra — dos platos de pasta al día, sin piedad

Si vas por la zona de Piazza di Spagna a mediodía, apunta Pastificio Guerra: es un obrador con barra para llevar que cada día tiene 2 platos de pasta recién hechos (lo ponen en una pizarra: hoy cacio e pepe, mañana amatriciana…). Pides, te lo sirven en un contenedor, y te vas a comerlo donde mejor te siente, que en los jardines cercanos es delicioso. Precio de comida honesta y calidad de restaurante: por algo la cola de oficinistas y viajeros por igual llega antes de abrir.

Pompi — el tiramisú más famoso de Roma (y la panna cotta ni hablamos)

Pompi es EL tiramisú de Roma. Están situados en la zona norte de la Piazza di Spagna. Si el clásico ya nos dejó flipando, el de pistacho nos terminó de enamorar. Y la panna cotta… te lo aviso: no salgas sin probarla.

Si comes en Pastificio Guerra, te darás cuenta que este está justo delante, perfecto para el postre.

Tiramisú de pistacho de Pompi en Roma

Otros consejos para comer en Roma sin sustos

  • Huye del menú turístico de segunda. Si la carta está en 6 idiomas y la foto del plato ocupa media página, seguro que hay algo mejor a 200 metros.
  • El «servicio» y el coperto: en muchas cartas aparece un cubierto (pan y servicio) ya incluido. Es normal en Roma, no te lie.
  • Bebe de las fuentes (nasoni): son potables y gratis. El agua de Roma sabe a triunfo.
  • Prioriza el callejón con encanto a las vistas al monumento: los restaurantes con terraza frente al monumento pagan alquileres carísimos y eso se nota en la carta. Para dos calles a la izquierda y come mejor por la mitad de precio.
  • Ojo con el horario de cocina: en Roma se come de 13:00 a 15:00 y se cena de 19:30/20:00 a 22:30/23:00. Fuera de eso, la cocina descansa.

Cómo encontrar tu sitio para comer con Trively

Y ahora la confesión: nosotros no apuntamos esta lista en un papel. La llevamos dentro de Trively, que encima no deja que nos equivoquemos de barrio o de horario: el sitio para comer se busca en el hueco exacto entre dos actividades, comprobando que esté abierto en esa franja concreta, y se añade al itinerario con un toque. La cena de grupo se divide después desde la app, sin cuadernos ni cuentas del móvil.

Comer en Roma es la mitad del viaje (y no exageramos, pregunta a cualquiera que haya probado la carbonara de Da Fortunata). Guarda esta guía, invita a tu grupo al plan y a hacerse un hueco entre todos: Roma no espera, y la pasta, tampoco.

Precios y horarios cambian con frecuencia: compruébalo en las webs oficiales antes de ir.

Guía de viaje a París: 3 días y un roadtrip

París es de esas ciudades que todo el mundo da por hechas. Y a lo mejor por eso, yo no fui hasta que me lancé a hacerlo de la manera menos pensada: 3 días en la ciudad, sí, pero después de 2 días de carretera desde España y con otros 2 de vuelta, sin más compañía que el volante y el mapa. Viajar solo tiene cosas malas (nadie se turna en el coche) y muy buenas (nadie te discute la ruta ni la música). Y la conclusión es clara: repetiría. Así que aquí te dejo esta guía de viaje a París con la ruta exacta que hice, los rincones que no te puedes perder y los dos sitios donde comí sin arruinarme. ¡Empezamos!

1. El roadtrip desde España: 2 días para llegar y 2 para volver

Si vives en España y te haces la eterna pregunta de cómo ir a París, te aseguro que la respuesta por carretera es más sencilla de lo que parece. Yo le eché 2 días a la ida, parando una noche por el camino, y 2 más a la vuelta con una parada parecida. No es una locura si madrugas: son horas de autopista, desayunar de roadtrip y uno de esos atardeceres en la carretera que no se comparten ni con la cámara. Ir solo tiene esta ventaja: se para cuando se quiere, se come donde sale y nadie discute. Y esta pega: no hay con quién compartir las risas ni los errores en el asiento del copiloto.

2. Día 1: Orsay, Pont Alexandre III y la historia de Francia

La primera parada es de las que te marcan el listón del viaje. El Museo de Orsay es una estación de tren convertida en museo y, para mí, el sitio donde está una de las mejores colecciones de arte que ver en París: aquí viven los impresionistas y, no podía faltar, Van Gogh. Las salas son enormes, luminosas y no tienen el caos de otros museos de la ciudad.

Interior del Museo de Orsay en París

Sigues caminando y llegas al Pont Alexandre III, el puente más fotogénico de París, con sus farolas doradas y la vista del Grand Palais al fondo. Es el típico puente de foto de película, y no le hace falta filtro. Si te gusta la historia, el último punto del día es el Museo del Ejército, con su parte dedicada a Napoleón: las salas de armas y la tumba del emperador bajo la cúpula, un sitio que te hace sentir verdaderamente pequeño.

Puente Alejandro III con el Grand Palais al fondo en París

3. Día 2: la Torre Eiffel desde todos los ángulos

Este día es para la estrella del viaje. Empezamos en la Plaza del Trocadero, el punto clásico para ver la torre de frente; a sus pies, la Fuente de Varsovia, que se llena de gente y de patinadores en cuanto sale el sol. Y de ahí, directos a la Torre Eiffel. Mi consejo si quieres subir: reserva con antelación, porque las colas son el peor souvenir.

Debajo de la torre tienes el Jardín de la Torre Eiffel, el antiguo Campo de Marte: un parque enorme y verde donde el mejor plan es comprar algo para picar y tumbarse a mirar la silueta de la torre con calma. Es de esos momentos que no se anuncian en la guía y que luego se recuerdan más que el resto.

La Torre Eiffel en París

4. Día 3 por la mañana: del Arco de Triunfo al Louvre

Hoy toca la avenida más famosa del mundo. El Arco de Triunfo fue, de todo el viaje, uno de mis favoritos: se ve desde la rotonda más caótica de Francia y tiene unas vistas de la ciudad que no dan ni los rascacielos. Desde ahí, se baja por la Avenida de los Campos Elíseos, con el Grand Palais y sus tejados de cristal al lado, hasta llegar a los Jardines de las Tullerías, donde conviene parar, sentarse y ver pasar la vida.

Jardines de las Tullerías en París

Y al fondo de los jardines, el Museo del Louvre. Te confieso algo: es el museo más famoso del mundo, pero también el más caótico, y muy difícil de visitar en un día. Entre las colas, las salas infinitas y la gente apelotonada ante la Gioconda, la experiencia puede frustrar más que enamorar. Mi consejo: no pretendas verlo todo; elige dos o tres cosas que te mueres por ver y disfruta de esas. A la larga, te llevarás más recuerdo que si intentas tragarte el museo entero.

5. Día 3 por la tarde: del Panthéon a Montmartre

La tarde es la más exigente del viaje y, también, una de mis favoritas. Empezamos en el Panthéon, el panteón de los grandes franceses (y no tan franceses, como es el caso de Marie Curie), y continuamos hacia la Catedral de Notre-Dame, uno de los máximos exponentes del arte gótico mundial y un símbolo de París. Fue reabierta en 2024 tras el incendio de 2019.

Catedral de Notre-Dame en París

Después nos vamos al Palacio de la Ópera (Palais Garnier), que fue otro de mis favoritos: dorados, lámparas de cristal y una escalera que parece sacada de un cuento. No esperes un teatro más, porque no lo es. Para cerrar el día, dos paradas seguidas: el Moulin Rouge, con sus aspas rojas en la noche de Pigalle, y Montmartre. Sube hasta la Place du Tertre, donde los pintores dibujan al momento, y remata en la Basílica del Sacré-Coeur: desde su escalinata se ve toda la ciudad, y con la luz de la tarde es, sin dudarlo, la imagen que se me quedó de París.

6. Dónde comer en París sin arruinarte

París puede comerse de muchas maneras, y yo te dejo las dos que funcionaron. La primera, el Bouillon Chartier Grands Boulevards: un bistró histórico de mantel de papel, camareros con delantal y cocina francesa clásica (sopas, huevos mayo, el clásico boeuf bourguignon, pato…) a precios que no dan miedo. Es ruidoso, es histórico y es, de verdad, de las mejores comidas por poco dinero de la ciudad.

Interior del histórico Bouillon Chartier en París

Y para el capítulo dulce, La Crème de Paris: crepes y gofres dulces que resuelven cualquier antojo con estilo. Es cadena, sí, pero de las buenas, con sitios céntricos y porciones que justifican el paseo.

Y como París también se come, aquí tienes la guía de dónde comer en París por zonas con el resto de la ruta gastronómica.

7. Más consejos para viajar a París

Para terminar, te dejo una lista rápida de cosas que me hubiera gustado saber antes de llegar:

  • Reserva con antelación la Torre Eiffel y el Louvre. Las colas de París también son un monumento.
  • El coche, mejor aparcado. París se hace a pie y en metro; moverte en coche por el centro es más estrés que otra cosa.
  • Lleva calzado cómodo. Los días son largos y la ciudad se anda entera.
  • Descarga un mapa offline con todos los sitios marcados antes de salir: yo fui guardando en Trively la ruta de cada día, del Trocadero a Montmartre, y no se me escapó nada; ni siquiera en Montmartre, que era el barrio que más me costaba.
  • Deja algo de sitio para improvisar. Por mucho plan que lleves, París te va a guardar una sorpresa (a mí me la guardó el Palais Garnier).

¿Has estado en París? ¿Qué es lo que a ti te dejó sin palabras? Cuéntamelo en comentarios y entre todos haremos de esta guía de viaje a París algo mejor. ¡Feliz viaje!