Guía de viaje a Praga: 10 imprescindibles que ver y hacer
Guía de viaje a Praga con todo lo que me hubiera gustado saber antes de ir: moneda, cómo moverte, el Puente de Carlos, el Reloj Astronómico, el Castillo y las mejores vistas desde Petřín.
¿Vas a viajar a Praga y no sabes por dónde empezar? ¿Te suena que los precios no están ni en euros ni en nada que te suene? Te entiendo perfectamente: Praga está en la Unión Europea, pero no tiene el euro, y eso da un poco de vértigo al principio. Después de varios días por la capital checa —del Puente de Carlos al barrio judío, de la birra a las vistas de Petřín— he ordenado todo lo que me hubiera gustado saber antes de ir. Aquí tienes mi guía de viaje a Praga, punto por punto, para que no pagues de más y no te pierdas nada. ¡Empezamos!
1. La moneda: la corona checa (y no, no es el euro)
Praga pertenece a la Unión Europea, pero la moneda de la República Checa es la corona checa (CZK), y no el euro. Es la primera barrera mental: los precios llegan en miles y cuesta hacerse a la idea. La regla fácil que me funcionó: quita los dos últimos ceros y divídelo entre 2 o 3 (1 euro ronda las 24-25 coronas), y no te hará falta más para orientarte.
En 2024 el país empezó a aceptar euros en algunos sitios —hoteles, cafeterías céntricas— pero normalmente a un tipo de cambio horrible: te cobran 25 coronas por un euro que vale 24, o peor. Paga siempre en coronas con tarjeta, eligiendo la moneda local cuando la terminal te lo pregunte. El efectivo apenas hace falta, aunque una reserva pequeña va bien para mercadillos y propinas.
- Tarjeta sin comisiones y pago con el móvil: los TPV contactless funcionan en todas partes.
- Dile al banco que vas a viajar, para que no te bloquee los pagos en el extranjero.
- Unos cientos de coronas en efectivo para puestos del mercado y para la propina, sin pasarse: la mayoría sigue aceptando tarjeta en casi todo.
2. El idioma: no necesitas saber checo
El checo tiene fama de complicado, pero para un viaje de turismo te va a sobrar con el inglés. En restaurantes, hoteles, museos y transporte, el personal se maneja sin problema, y los menús traen versión en inglés (a menudo también en alemán).
Aun así, dos o tres palabras en checo abren sonrisas de oreja a oreja: „děkuji“ (deh-ku-yi, gracias), „prosím“ (por favor / de nada) y „dobrý den“ (buenos días). Y una que necesitarás sí o sí en casi cualquier bar: „pivo“ (cerveza). Te garantizo que en Praga no será la palabra más difícil de pronunciar.

3. Del aeropuerto al centro: fácil, barato y sin líos
El aeropuerto (Václav Havel, PRG) está a unos 17 km del centro y hay varias formas de llegar. La opción más rentable: el autobús 119 hasta la estación de metro Nádraží Veleslavín (línea A) y luego metro hasta donde tengas el hotel. Billete de 90 minutos por unas 40 CZK (~1,6 €) y en 40-50 minutos estás en el centro.
Alternativas: el Airport Express (AE) hasta la estación central (Hlavní nádraží), ideal si llegas o te vas en tren; y el taxi o aplicaciones tipo Uber/Bolt, más cómodos con equipaje, a unos 500-600 CZK (~20-24 €) según tráfico. Consejo: desconfía de los taxis que te cobran tarifa plana de criatura sin taxímetro en la puerta del aeropuerto.
4. Cómo moverse por Praga: metro, tranvía y piernas
Praga tiene una red de transporte público excelente, puntual y barata: tres líneas de metro (A, B y C), tranvías que van a todas partes y buses nocturnos. Para un turista basta saber que el metro cubre las grandes distancias y el tranvía el resto, a menudo con subidas y bajadas que el metro no.
El billete básico de 30 minutos cuesta 30 CZK y el de 90 minutos, 40 CZK (~1,6 €). Vale la pena mirar los abonos de 24 h (120 CZK) o 72 h (330 CZK): con el de 72 h te da para tres días completos y te ahorras estar pendiente de los validadores.
- Descarga la app Lítačka o usa la de transportes para mirar horarios en tiempo real; todo está en checo pero se maneja igual.
- El tranvía 42 es la línea histórica: un city tour sobre raíles que pasas sin planificar.
- Praga es muy paseable: el casco viejo, el Puente de Carlos, Josefov y el barrio de Malá Strana se recorren andando, y el metro cubre el resto.
5. El Puente de Carlos: la hora mágica
El Puente de Carlos y sus 30 estatuas es postal obligatoria, pero la hora lo cambia todo. A media mañana es un pasillo de turistas con paraguas; justo antes de las 8 h, cuando amanece, está casi vacío y tiene una luz preciosa. Si además madrugas, la torre de la Ciudad Vieja (la del lado de la plaza) abre a las 10 h para subir y ver el casco desde arriba.

Por la tarde hay músicos, pintores y espectáculos; se pasea bien, pero ve con paciencia. Mencionarte también que hay torres en ambos extremos: la de la Ciudad Vieja y la de Malá Strana, y que subir a cualquiera de las dos es de las mejores vistas gratis de la ciudad.
6. El Reloj Astronómico y la Plaza de la Ciudad Vieja
En la fachada del Ayuntamiento, cada hora en punto se reúne medio barrio para el espectáculo del Reloj Astronómico: los apóstoles desfilan por las ventanitas cuando las campanas tocan. Suele decepcionar a quien espera algo espectacular, pero verlo una vez forma parte del ritual.

La plaza en sí es un anfiteatro vivo: la iglesia de Nuestra Señora de Týn, la estatua de Jan Hus, los cafés con terraza bajo los soportales y, en diciembre, uno de los mercados de Navidad más bonitos de Europa. Dos apuntes: el Ayuntamiento con torre para subir (y ver el reloj de cerca) y un truco de local, el Café Eltigre para el espresso más barato posible.
7. El Castillo de Praga y la Catedral de San Vito
Al otro lado del río, subiendo las escaleras de Malá Strana o el tranvía 22, se llega al Castillo de Praga, el conjunto más grande del mundo —en superficie, incluso por delante de otros famosos—. Dentro está la Catedral de San Vito, gótica de las de verdad, con sus vidrieras, y el cambio de guardia que conviene ver a las 12:00, cuando hay relevo con fanfarria.
Hay varias entradas: la del circuito completo (catedral + Palacio Real + Callejón del Oro + basílica de San Jorge) merece la pena si vas con tiempo, pero si solo quieres la catedral, con la entrada básica basta. Y ojo: la cola para el control de acceso se hace fuera, así que separa la mochila y levanta los ojos: la vista desde las terrazas de Hradčany, sobre los tejados rojos, es de las mejores de Praga.

8. Josefov: el barrio judío
El antiguo gueto judío (Josefov) es de los barrios con más historia por metro cuadrado de Europa: la Vieja Nueva Sinagoga —la más antigua de Europa central, con esa leyenda del Golem—, la Sinagoga Española y el cementerio judío, con lápidas amontonadas durante siglos.
El ticket combinado de los monumentos judíos sale a cuenta si te interesa la historia; si no, basta con pasear por las calles elegantes del barrio, tomar algo en la plaza de la Comunidad Judía (cafés y librerías) y dejarse llevar. Es de esos rincones donde la Praga de postal deja paso a otra, más densa y real, y no está de más leer un poco antes de entrar en el cementerio para entender lo que estás viendo.
9. Petřín y la torre que parece la Torre Eiffel
Si quieres la mejor panorámica gratis, sube a Petřín, la colina verde sobre Malá Strana. Puedes subir a pie (son 318 escalones), con el funicular desde la plaza de Újezd, o en tranvía, y arriba te espera la Torre de Petřín, la que parece la Torre Eiffel en miniatura, con unas vistas de 360° de los tejados de Praga.

El parque es además el plan de los locales: césped, cafeterías y una rosaleda gigante. Cuando caigas, bajar hacia el centro pasando por los jardines de las murallas o por el muro de Lennon es de los paseos más bonitos de la ciudad y casi nadie lo menciona en las guías de primera semana.
10. La Casa Danzante y la Praga de la cerveza
Cerca del Vltava, entre Malá Strana y la Ciudad Nueva, está la Casa Danzante („Ginger & Fred“), el edificio de Gehry que parece inclinarse como bailarín: polémico cuando se construyó, hoy es de las fotos imprescindibles. Justo al lado, y a cualquier hora, se cruza con lo que de verdad mueve Praga: la cerveza, que en este país sale casi más barata que el agua. Una Pilsner Urquell de barril no debería costarte más de 55-70 CZK (~2,2-2,8 €).

No te obsesiones con la lista de bares «secretos»: casi cualquier pub con luz cálida, gente local y el barril de Pilsner o de Kozel bien tirado cualquiera te vale para una hora feliz. Y si te sobra un día, las excursiones clásicas desde Praga —Kutná Hora con su osario, el castillo de Karlštejn o Terezín— se hacen en una mañana en tren y le dan otro colofón al viaje.
Y hasta aquí mi guía de viaje a Praga. Con lo de la moneda, el transporte, el reloj y la subida a Petřín tienes la ciudad en el bolsillo; el resto —qué día hace, qué terraza te llama— lo decide la propia Praga cuando estés allí. ¡Buen viaje!